Un estudio reciente indica que los niños que crecen sin hermanos son más felices porque no tienen que competir con ellos.
Andrés Felipe Forero asegura que nunca le ha hecho falta un hermano. De niño, cuando quería jugar con alguien, llamaba a uno de sus vecinos o le pedía a su papá que lo llevara al parque a montar en bicicleta o a jugar fútbol. De hecho, su condición de hijo único le permitió durante su infancia gozar de ciertas ventajas que sus primos o algunos de sus amigos con hermanos no tuvieron: nunca compartió su cuarto con nadie, sus padres le daban gusto en lo que pedía y los juguetes que le regalaban eran solo para él. Andrés Felipe hoy tiene 19 años y estudia Diseño Industrial. Aunque no se considera una persona egoísta ni consentida, sí reconoce con satisfacción que al no tener hermanos siempre fue el centro de atención en su casa.







