Niños pequeños que habían participado en un programa para alentar la interacción y el juego con sus madres se transformaron en adultos con coeficientes intelectuales (CI) más elevados, más logros educativos y menos participación en actos violentos que las personas que no habían recibido esa estimulación temprana.
Este es el resultado del cuarto seguimiento de varios estudios desde que finalizó el programa, hace 20 años.





